Mostrando entradas con la etiqueta Reinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reinas. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de julio de 2010

JUANA LA LOCA

Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479, siendo la tercera hija de una pareja extremadamente singular: la formada por el rey Fernando de Aragón, e Isabel por derecho propio, reina de Castilla. Los dos promocionaban una idea de reinado conjunto en pena igualdad, de ahí el lema "Tanto monta, monta tanto ...", pero la realidad era bastante compleja: sus territorios mantenían cada uno su forma de gobierno, sus cortes, sus leyes, sus tribunales, sus fueros y sus moneda. Ahora bien, existía una concordancia expansionista, aunque los aragoneses se dirigiesen, por tradición, a no perder, sino a incrementar su presencia en el ámbito geográfico mediterráneoi, en tanto que Castilla, una vez expandida hacia el sur acabaría tomando una ruta nueva a través del Atlántico.

En 1479, cuando Juana llegó al mundo, sus padres ya habían tenido una hija, Isabel, que tenía 9 años, y un hijo bautizado Juan, de 22 meses de edad. A Juana se le impuso el nombre de Juana recordando a su abuela paterna, muerta 11 años antes. Aquella Juana nacio Juana Enríquez, hija del gran almirante de Castilla Fadrique y su esposa Maina Díez de Córdoba. Ya de adulta se casó con el rey Juan II de Aragón viudo de Blanca de Navarra. Juana había empleado su vida en la tarea de asegurarle a su hijo la ascensión al trono, Fernando, llegando a dcirse que incluso envenenó a su hijastro, Carlos de Viana, legítimo heredero. Por otro lado, su hija Juana, marchaba a Sicilia a casarse con el rey Fernando I.

Juana no sólo heredó el nombre de su abuela, sino que guardaba además un gran parecido físico. La reina Isabel, asombrada por el parecido, llamada con cariño a su hija "mi querida suegra". Pero en cuanto a carácter, Juana no sacó los genes de esta mujer de carácter sino los de su otra abuela, la materna: Isabel de Portugal. Juana tuvo ocasión de conocerla, pues esta dama no murió hasta 1496 en el castillo de Arévalo. Sin duda era una figura triste y patética, pues su carácter inestable con vetas de melancolía.

En su infancia, Juana resultó ser una niña bonita. Junto a sus hermanas pequeñas, María y Catalina, recibió una esmerada educación. La reina Isabel acogió en su corte a un grupo numeroso de famosos humanistas, desde Lucio Marineo hasta los hermanos Geraldino. La biblioteca se expandió para abarcar un mayor número de obras prestigiosas, en tanto que se hacía una capilla musical.
Isabel creía que sus princesas debían recibir una educación clásica, amplia y estimulante: ella misma aprendió latín de adulta, a costa de un gran esfuerzo personal, y no estaba dispuesta a que sus hijas se encontrasen en una situación similar. Una amiga de la reina Isabel, Beatriz Galindo, se encargó de este aspecto de la educación de las princesas de Castilla-Aragón.

El estudio de los autores clásicos se combinaba con una profunda revisión de los textos sagrados. Los padres estaban convencidos de que sus descendientes hiciesen el honor al hecho de que el Papado les había conferido la distinción de reyes muy católicos, a medida que avanzaba por el camino de expulsar de sus territorios a judíos y moriscos que no se convirtiesen tras completar la famosa Reconquista. Un sacerdote dominico, Andrés de Miranda, se ocupó de inculcar a las muchachas el catolicismo, junto a la cultura de Beatriz Galindo.

Las chicas además sabían montar a caballo, practicaban la caza con aves rapaces, igual que sabían cardar la lana tejer, coser o bordar con primorosa solicitud. En su día, se negociarían con ellas magníficos matrimonios dinásticos.

Isabel, su madre, era una reina de los pies a la cabeza: había ganado la corona luchando contra su sobrina y ahijada Juana, a la que se tachó de bastarda de la reina consorte de Portugal Juana on el noble Beltrán de la Cueva, pero es probable que sólo fueran rumores engendrados por ella para acabar con la reputación de la chica.

Ya en el trono, no se dormía en los laureles: Isabel llegaba a tomar decisiones duras, todo por lograr el apogeo de la corona de Castilla.No le temblaba el pulso al toar decisiones como la expulsión de aquellos moriscos que no se convirtieran al cristianismo, además de saber arriesgar, como hizo con Colón, apoyándole en su viaje que le llevó al descubrimiento de América.

Y sin embargo, esta mujer que no cedía nada de poder a su marido Fernando, pese a gobernar en conjunto, buscó para sus hijas matrimonios convencionales donde ellas estaban sumidas a ellos. Las muchachas sabían que su madre cosía las camisas de su marido con esmero. Además, era ella la celosa, pues todos sabían y nadie evitaba que Fernando saliese a dar una cana al aire.Unas pasaron de puntillas y otras le dieron hijos bastardos que pasaron a la historia. Las niñas sabían de la existencia de esos hijos bastardos de su padre: conocía a Alonso y a Juana, los hijos de la catalana Aldonza de Ivorra, o a Alfonsa, hija de Luisa Estrada, y otros.
Ante esto, Isabel sólo les decía a sus hijas, que como reinas que eran, su sangre real era muy valioso, tanto que por mucho que el marido saliese con mujeres a divertirse, nadie le arrebataría el trono y siempre serían las esposas legítimas. Isabel, Juana, Maria y Catalina aportarían a sus maridos geniales genealogías, sangre real de siglos corriendo por las venas.

A la hora de trazar el futuro de sus hijas, Fernando e Isabel valoraron cuidadosamente las diferentes posibilidades de alianzas dinásticas. Siempre tuvo claro que una de las muchachas debía destinarse a la corona de Portugal, para unir más los vínculos históricos, y con el tiempo, lograr la unión de reinos ibéricos. Así, la hija mayor, Isabel, fue comprometida con el príncipe Alfonso de Portugal, hijo de Juan II con Leonor de Viseu.

La boda de Alfonso e Isabel se celebró con la pompa consiguiente de ese año 1490. La novia tenía 20 alis, en tanto que el príncipe sólo tenía 15, un obstaculo de edad. Pero cuando la novia vio a ese muchacho fuerte y robusto, vigoroso, dotado de gran fuerza física e intelecto le gustó. Ella se prendó de su postura y gallardía, y él se enamoró de esa chica rubia y dulce augurándose un buen matrimonio, bastante prolífico. Pero el destino hizo que Alfonso cayera de su caballo en la orilla del río Tajo, una caída de la cual no recobró la consciencia, falleciendo tras horas de agonía un año después de casarse.

Isabel, viuda, volvió a Castilla. Estaba rota: en señal de duelo, no sólo se cortó su melena dorada y se había empeñado en vestir una túnica de sarga que debía producir espantosos picores en la piel, sino que insistía enq ue deseaba tomar los velos en el convento. Las hermanas menores, Juana de 12 años, María de 9, e incluso Catalina de , se quedaronimpresionadas por las muestras de devoción de su hermana hacia el difunto Alfonso.
Pero Fernando e Isabel vieron el asunto desde otra perspectiva: su hija había dejado un feliz recuerdo en la corte portuguesa, así que en cuanto pasaron unos meses negociaron la boda con el siguiente sucesor a este trono, el tío de Alfonso, Manuel de Béjar.

Manuel ismo no sólo estaba interesado en las ventajas políticas, sino porque había tenido la ocasión de tratar a Isabel durante su matrimonio con su sobrino y la consideraba una mujer adorable. Algo que facilitó las tareas de negociaciones de los reyes católicos.La joven Isabel no quería en absolut esa boda, tratando de evitarla proponiendo a su próximo marido una condición: los judíos a los que tanto admiraba por su laboriosidad e inteligencia, debían serexpulsados de Portugal. Manuel dudó, acabando decidiendo que sí en 1497, casándose Isabel con su segundo esposo.

Para cuando Isabel se casó con Manuel, Juana ya no estaba en la corte española. Hacia 1496, mientras que los reyes católicosesperaban la afianzación de las alianzas portuguesas, Fernando e Isabel negociaron, brillantemente, un doble matrimonio con la casa de Habsburgo. Unna gran flota española debía llevar a Flandes a la princesa Juana, para que se casase con Felipe de Austria; cuando los barcos volviesen, lo harían formando la comitiva de Margarita de Austria, hermana de Felipe, escolgida para casarse con el príncipe Juan, el único hijo varón de Fernando e Isabel.

Estos eran los destinos que se habían trazado para ellas, después de haber descartado opciones previas. Así, sabemos que en un tiempo se pensó comprometer a la rincesa Juana con el delfín Carlos de Francia, y dado que este negocio no llegó a prosperar, se pensó en la pedida de mano de James IV rey de Escocia.
En lo que se refiere a Margarita, que estuvo comprometida con Carlos de Francia, que se había destacado a los candidatos a la mano de Juana previamente. El compromiso se deshizo para que el ya Carlos VIII pudiese casarse con la princesa Anna de Bretaña. Margarita que llevaba ya dos años en la corte de su novio educándose, a la que llegó con una formidable dote, fue devuelta a los Habsburgo, un poco en forma de desprecio y humillación.

Ni Juana ni Margarita pudieron esperar mucho de sus matrimonios. Laas dos eran conscientes d esu valor dinástico, de que se la sponía en la tesitura de servir de enlace entre casas significativas y perpetuar la estirpe regia. Sorprendentemente ambas se enamorarían de sus maridos: Juana de Felipe y Margarita de Juan.

El personaje de Juana la Loca ha inspirado numerosos personajes e historias literarias, donde su vida y encierro se interpretaron como sinónimo de locura. Pero la realidad nunca es tan romántica como la ficción.
Su delirio de amor fue un delirio celóptico en el cotejo de una enfermedad mental grave. Juana nació en 1479, hija mujer del os poderosos Reyes Católicos llamada así en honor a la madre de Fernando, su padre.Por el destino, heredaría tanto la posesoines de su madre isabel, tras la muerte de su único hijo varón,como su carga genética, ya que su abuela materna también terminó sus días como ella, encerrada en una habitación.
Fue una niña tímida, educada excelentemente, dominando artes como el latín y el francés, pero poco propensa a las reuniones sociales, pasando muchos días sin tener ganas de relacionarse con nadie de la Corte castellana. No es raro ver en estos rasgos ápices de la esquizofrenia.
A los 16 años es casada con el archiduque Felipe de Austria,hijo del emperador Maximiliano I de Alemania y la duquesa María de Borgoña, y soberano de fFlandes, por fallecimiento de ésta. Viajó Juana por primera vez fuera de España hacia la corte sacra siendo tal el impacto entre ambos que decidieron buscar un cura de auxilio para casarse ese mismo día y pasar la noche juntos. Faltaban 4 días para la boda inicial.
Tras su boda, aparecieron los primeros síntomas de enfermedad, manifestándose en una conducta celosa, desconfiada y persecutoria, dándose conductas absurdas como no pagar a los servidotres por varios meses, un desinterés progresivo de sus funciones y pérdida de la resonancia afectiva que se acentúan con una serie de acontecimientos, como su primer embarazo. Esto preocupaba al confesor de Isabel la Católica

Tanto las ideas celotípicas como este estado de ánimo, encajan con el diagnóstico de esquizofrenia paranoide. La esquizofrenia es una enfermedad de origen biológico y condicionamiento genético, que cursa en brotes o episodios en los cuales se evidenian síntomas como alucionaciones y delirios, espaciados con interbrotes que en la locura parece acallarola, pero sólo la acentúa. Cuanto mayor on los brotes, peor es la desintegración final.
Los médicos de la corte, Soto y Gutiérrez de Toledo, sostienen que doña Juana pasaba noches en vela, deambulando y con soliloquios, sin comer, asearse o ver a sus hijos., y luego entraba en periodos de arrebato de ira por los celos con su eposo que la llevaban a conductas irracionales. Llegó ap rohibir que subieran damas a un barco que la trasladaba a ella con su marido a España, y como éstas lo hacían sin mirar permiso, ella enceraba a su marido en un cuarto.
Tuvo a su primero hijo, Carlos, luego Carlos I y V en un retrete, por haberse negado a permanecer en cama en el estado de gestación en el que se encontraba, con el fin de acompañar a su esposo a una fiesta, temerosa de que Felipe miraraa otras mujeres. Creemos que estas son las causas de las convulsiones infantiles y debilidad mental de Carlos.

En el momento en que Isabel víctima de un cáncer uterino, decide enttegar su mando, sus consejeros le advierten que su hija no está preparada, con lo que sería su padre quien reinara. En junio de 1506, a la muerte de la reina, Fernando firma un trato con Felipe en Villafáfila, que contenía el siguiente párrafo:
"Conviene saber cómo la Serenísima Reina, en ninguna manera se quiere ocupar o entender de cualquier género de regimiento, ni gobernación; aunque lo quisiera, sería la total destrucción por sus enfermedades y sus pasiones". Es en esto donde se basan algunos historiadores románticos en afirmar que la locura de la reina Juana fue un invento político infundados en celos hacia un marido infiel.
Pero ya vimos que su enfermedad no sólo se manifestaba en los celos, sino en otros comportamientos. En la esquizofrenia, las ideas delirantes no aparecen aisladas. Por el contrariok se acompañan de alteraciones de la mente y el comportamiento con matices de extrañez visto en conductas anormales y abandono de la misma, de sus hijos y sus funciones. En ocasiones, salía su conducta psicótica y parecía que se preocupaba por los problemas del reino, dando incluso órdenes, que por supuesto, fueron acatadas.

En una nueva faceta de brotes, decide vestirse de negro por un luto imaginario (el negro como luto fue impuesto por su madre en lugar del blanco, color tradicional hasta ese momento). Es en este periodo cuando fallece su amado esposo, al cual cuida con esmero en su enfermedad, pero por el que no derrama ni una sóla lágrima. Pero hace abrir su tum ba sin causa justificada en dos ocasiones.

Continúa el reinado su padre Fernando, mientras que su hijo Carlos se ocupa de los reinos de fuera. En 1516 muere Fernando tomando el relevo Carlos, aunque requiere la firma de su madre para los grandes decretos.

La enfermedad de Juana se acebtúa y sus allegados deciden encerrarla en la torre del Castillo de Tordesillas en 1509, permaneciendo hasta su muerte, casi a los 47 años de edad. Vive aislada, custodiada por personal militar y con su hija menor Catalina.
En una oportunidad de recibir la visita de sus dos hijos Carlos y Leonor a los que sólo responde con monosílabos tras 12 años sin verlos, deiden sacar a la niña de sus manos, algo que Juana percibió a los días de llevarse a la niña. Pero empeoró tanto tras la marcha de la ni.a, que los hermanos decidieron devolver a la niña a la torre hasta que contrajo matrimonio y bsalió como reina d Portugal.


En su encierro, pasa por periodos diversos: desde arrebatos violentos físicos, comer en el suelo, se viste andrajosa abandonando el aseo, invierte su ritmo de sueño. En los últimos años tuvo alucinaciones visuales diciendo que su mente está poseida por fuera y que ella no puede hacer ada por ello.
Muere con fuertes dolores físicos debido a los trastornos vasculars que sufría en las piernas por su alta de higiene y por sus largas horas de pie.

lunes, 21 de junio de 2010

ISABEL DE FRANCIA PRIMERA ESPOSA DE FELIPE IV

Isabel fue la segunda de las 6 hijas de María Medici y su esposo Henry IV de Francia. El matrimonio de éste, un hombre sienmpre enredado en aventuras amorosas y que además parecía cambiar de religión según fuese el viento, con María de Medici había sido, por supuesto, un arreglo ventajoso. En Marie, Henry encontraba una segunda consorte de adecuado linaje y magnífica dote a la que se presuponía fértil. Y en efecto, esa presunción de fertilidad se cumplió con la procreación de 6 hijos: Louis, futuro Luís XIII; Elisabeth Christine, Nicholas Henry, Gaston y Henriette Marie.

Cuando Elisabeth apareció en escena, el 22 de noviembre de 1602 en el palacio de Fonatinebleau, su padre Henri se encontraba en el apogeo de poder, en la próspera época del reinado, donde todo el mundo podía disfrutar de al menos un pollo en la olla del domingo. Nadie presagiaba que 8 años después moriría asesinado en su carruaje en una estrecha calleja de París a resultas de una conjura, que hoy en día sigue siendo un enigma. No se sabe quién estaba detrás de esa puñalada mortal, se acusa sin embargo al acérrimo católico FrabÇoise Ravaillac. Lo que sí sabemos es que esto fue crucial para el reino de Francia, pues Henry IV dejaba como heredero a su hijo Luís XIII, con sólo 9 años, bajo la extrema voluntad de la regencia de su madre María de Medici.

Elisabeth contaba entonces con sólo 8 años. El dramático final de su padre, aquel hombre de aspecto bonachón y simpático, tuvo que soportar una auténtica conmoción. La madre, tampoco estaba en condiciones para atender a sus hijos, pues debía centrarse en la educación de Luís XIII. María no pudo siquiera ceder ante un duelo inesperado, el de su hijo Henry Mariette inesperadamente, un año después.

En esta época, María de Medici estaba bajo la influencia absoluta del codicioso e intrigante Concino Concini, cuyo mérito ascendió pronto al cargo de mariscal de Francia, pues se casó con Eleonor Galigai, amiga de infaqncia, hermana de leche, dama predilecta de Marie. La profunda dependencia de Maréi respecto a Eleonora pues años después, ella misma dijo que un espíritu fuerte siepre absorbía el débil, hizo que de pronto Concino Concini gobernarse Francia a su antojo.

ºCon el consejo de su valido, Maria dio un giro de 180º en las relaciones exteriores. Henry IV siempre había tenido relaciones hostiles con Felipe III de España, pero María estaba dispuesta a olvidar viejas rencillas para establecer una paz duradera. Obviamente, para sellar rápidamente una ruptura con una laianza,no hay nada mjor que un matrimonio negociado entre ambas dinastías.
Felipe III había tenido varios hijos con su esposa Margarita de Austria, entre ellos una infanta llamada Ana, que por edad, podría ser la novia perfecta de Luís XIII, a la vez que consideró que Elisabeth debía ser la esposa de Felipe IV. Desde el punto de vista práctico resultaba un ahorro: la dote de una novia se compensaba con la de la otra novia, así que las arcas de ambos no sufrirían pérdidas.

Así, en 1615, se llevó a cabo un formidable espectáculo: el intercamcio de las princesas. La Isla de los Faisanes, elevada en el río Bidasoa, cerca de la frontera de Hendaya, fue el lugar elegido para una ceremonia preparada, mediante la cual los franceses entregabn a los españoles a la princesa Elisabeth, mientras que los españoles hacían lo mismo con Ana.
Ana, de 13 años, partió a la corte francesa donde complemebtaría su educación antes de casarse, al año siguiente en Burdeos y Elisabeth, también de 13 años, ataviada con ropas españolas, viajaba a Burgos a celebrar sus nupcias, que tradarían un año en consumarse.

Es imposible no poder compadecer a estas pobres chiquillas. Cierto es que desde pequeñas se las educaba para que dejasen su patria y su familia y echasen raíces en otros reinos, pero no dejaba de ser un trauma. Ana se vio pronto transformada en la reina Anne, cambiando la sombría, rígida corte española, pro la frívola francesa. El vacío que ella dejaba en la corte española debía llenarlo Elisabeth, ahora Isabel, demasiado traviesa, para encajar en el nuevo ambiente.

Rrsulta inevitable preguntarse qué sintió Isabel, de 13 años, ya quieriendo ser una mujer, al conocer a su futuro marido Felipe en Burgos, con tan sólo 10 años de edad, que comenzaba ahora la etapa del desarrollo. Felipe sólo le sacaba 3 años a Gastón, su hermano pequeño.
Pero sí sabemos que Felipe se quedó prendado, ya de niño, dde la beleza de su futura esposa. Isabel se movía con gracia y donaire, incluso dentro de esos estrechos y rígidos vestidos típico español: Felipe podía ocnsiderar que había hecho un trueque perfecto.

Tras su entrada solemne en Madrid el 19 de noviembre de 1615, Isabel se retira tranquilamente al Pardo. Le consta que durante un año, no convivirá con su esposo. Los dos están casados, pero no lo están a su vez: ella permanece rodeada de un extenso séquito, acorde con su rango de princesa de Asturias, en tanto que su esposo sigue aprendiendo el oficio junto a su padre Felipe III.

Isabel tenía la curiosa afición de hacer que sus damaas arrojasen lagartijas o culebrikllas a los pies de las damas cuando ellas menos se lo esperasen, riendo sin parar ante los gritos de las chicas. Esta actitud siempre fue criticada en el entorno de la corte española, demasiado pactada y solemne.

Pero Isabel tenía sus aspectos positivos: era suave y complaciente cuando quería, mostrándose dócil ante cuestiones religiosas, visitando iglesias y p atocinando los conventos con aparente convicción.

Las noticias que llegaban de Francia, en cualquier caso no le favorecían. La regencia de su madre, María de Medici, estaba resultando ser una etapa turbia. Nadie esperaba que fuese una balsa de aceite, pero nadie pensaba que llevaría todo al traste. En este punto se pensó de forma optimista: gobernada port el matrimonio Concini Marie no daba una derecha. En 1617, cuando Isabel llebava dos años en la corte española se desató el escándalo en Francia

Luis XIII estaba francamente a bochornado con la actitud de su madre, tan a merced de uss amigos que se lucraban de las cuentas de las arcas del estado, mientras acaparaban títulos sin merecerlos. Luis detestaba en concreto a Concini y a su esposa pero para un monarca joven, al situación para actuar era impensable. En esta tesitura, ya que no se podía con la salida honrosa, se optó por la deshonrosa: un simple y vulgar asesinato perpretrado.

Luis pensó el plan con su amigo Charles d´Albert. Éste había progresado en la corte hasta marqués por su amistad con Concino, pero fue el momento en el que se ido cuenta que prefería cultivar la amistad del futuro rey.Luis apreciaba tanto a Charles que acababa de nomnrarlo halconero real de la corte de Francia un antiguo título que confería prestigio a quien lo llevaba. Con su apoyo, Luis introdujo en la conjura a la pieza clave, un tal Vitry capitán de la guardia real. Vitry fue el que disparó a quemarropa a Concini, matándolo. Su cadáver fue presa de las garras del pueblo que lo maltrató, mutiló, regocijados por la calida del codicioso valido italiano.

Luís XIII no se anduvo con chicas a la hora de adquirir el poder. Algo que a María de Medici llenó de temor, pues fue confinada al Castillo de Blois. Entretanto, la hermana de leche de la reina, Eleonor Galigai, viuda de Concini estaba en peor momento, Le habían confiscado todos sus bienes: su residencia palaciega en París, el hotel de la calle Tournon y el castillo campestre de Lesigny pasaron a manos de Charles d´Albert, mientras que la viuda negra era detenida acusada de brujería para someter el esiritu de María de Medici en el propio. Eleonor no tuvo un juicio, sino una parodia del mismo que buscaba su inmediata condena: se ordenó que fuese decapitada, pero su cuerpo ardería en la hoguera, castigo reservado a las hechiceras.

Isabel en el Pardo, sufrió una conmoción al recibir la noticia. La forma en que su hermano Luis se había hecho con el poder no era nada elegante. La corte española no podía celebrarlo en exceso pero se pensaba que las relaiones entre sus reyes mejorarían con la ausencia de la madre del rey.








domingo, 20 de junio de 2010

ISABEL DE FARNESIO LA PARMESANA2

Alberoni describió a Isabel perfectamente. Jugaba con ventaja: había cultivado a la perfección la amistad con la de Ursinos, ganando credibilidad. Pero Alberoni mintió en esta descripción, a conciencia. Isabel no era la criatura mediocre que había descrito a la princesa.

Para empezar, no era fea. De estatura elevada según el estandar de la época, enía una figura armónica de buenas proporciones. Si con el tiempo ganaba en curvas no le quitaba belleza, dado que en general, eso era fertilidad sana y segura. Sus cabellos rubio rojizos eran heredados de su madre alemana. Su rostro ovalado de rasgos graciosos, mostraban marcas de la viruela. Esas picaduras eran el único punto en contra para la chica. Si se pasaba por alto las marcas que intentaba disimular con cremas y maquillajes, además de lunares artificiales, no era calificada como hermosa, pero tampoco como feucha.

Pero donde realmente dio el cardenal una visión totalmente distorsionada de la dama era en lo que al carácter atañía. Isabel tenía una personalidad claramente definida, marcado temperamento reforzado por la educación de su madre, Dorotea Sofía

La Landgravina Isabel Amalia de Hesse-Darmstadt había resultado una esposa prolífica para su marido Phillip Wilhem, príncipe electo del Palatinado. En total, Isabel Amalia había puesto en el mundo un total de 17 hijos, entre los cuales, 8 fueron mujeres. De esas 8, 2 murieron en la primera infancia, y otra con 14; pero el resto se convirtieron en bellas princesas con las que sus padres negociarían en sus matrimonios.

Las cinco hermanas tenían un aire de familia. Todas llamaban la atención por su figura y sus cabellos rojizos. La mayor, Eleonor Magdalena, abrió el capítulo de grandes bodas al unirse al Emperador del Sacro Imperio Leopoldo II. La segunda hermana Sofía, se casó en segundas con el viudo Pedro II de Portugal. Luego, les tocó al mismo tiempo el turno a las dos hermanas que más unidas estaban: Maria Anna fue enviada a España para casarse con Carlos II, destinado a ser el último Habsburgo, en tanto que Dorothea Sofía marchaba a Parma para casarse con Odoardo Farnese, heredero del ducado italiano. La última de las princesas, Hedwig Isabel, se casó con el príncipe de Polonia.

Menos María Sofía Elisabet de Portugal, que era de naturaleza melancólica y autodestructiva, las otras tenían agallas. Eleonor se encontró en la corte de inmediato, comparada con las dos últimas esposas del emperador: la infanta Margarita Teresa de España y Claudia Felicitas del Tirol. Pero Eleonor se las apañó para ganase el respeto general. Lo que tuvo que soportar Maria Ana en España, junto a su esposo "El Hechizado", y hostigada por su suegra Mariana de Austria, no era para contarlo en palabras, pero ella supo resistir.

En cuanto a Dorothea, se dejó abatir por las circunstancias. Su matrimonio con Odoardo no era una balsa de aceite, pero le dio un hijo Alessandro Ignazio, y una hija Elisabetta. Lo peor vino en 1793. El príncipe Alessandro falleció con sólo 20 meses, y al mes siguiente, su padre Odoardo, sin haber llegado a heredar el ducado. Dorothea se encontró viuda sola con una niña a la que mantene ry educar.
Mientras, su suegro, débil de salud, empeoraba, con lo que su sucesor sería su otro hijo Francesco, hermanastro de Odoardo. Dado que Francesco no podía mandar de vuelta a Neobourg a Dorothea por falta de dinero en las arcas reales para darle la dote de su matrimonio, resolvió casarse con ella. La propia Dorothea, a quiene los cortesanos motejaban como autoritaria y seria, aceptó.

La infancia y juventud de Isabel estuvieron entonces muy influenciadas por su madre. Dorothea le transmitió su orgullo, su soberbia de raza en lo que al linaje atañía, una férrea voluntad al servicio de la ambición.
Isabel estaba preparada para llevar el rumbo de su vida con estilo. Sabía que Felipe V había estado perdídamente enamorado de su esposa difunta María Luisa, pero que había un trasfondo en el refrán: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. María Luisa había muerto de una tuberculosis y ahora se podría en su ataud, no estaba y ella sí para satisfacer a su esposo en lo físico.

Lo único que había quedado de María Luisa Gabriela de Saboya en la vida de ambos eran sus dos hijos. Luís y Fernando siempres e encontrarían por delante en la línea sucesoria que los retoños que ella pudiera concebir, un obstáculo a largo plazo, pero ella no se dejaba abatir.

Isabel llegó a España con la confianza que le daba el tener conciencia de sus grandes dotes: los ducados de Parma y Toscana, herencia de sus ancestros Farnese y Medici. Estaba segura que tardaría poco en hacer que su marido bailase al mismo son que ella, lo que le hacía sentirse fuerte ante cualquier circunstancia adversa. En resumen, una chica con las ideas claras y muy segura de sí misma.

Las primeras en acusar recibo serían las propias Maria Ana de la Tremoille, princesa de Ursinos. Estaba tan segura que no se molestó en fingir un poco de modestia en su primer encuentro con la Ursinos. Mientras era recibida en la flamante puerta del castillo, y todos le daban sus reverencias, Maria Anna se destacó saliendo hacia adelante en el recibidor, al pie de la escalinata. Además, se ahorró la reverencia, dando explicaciones de sus dolores de lumbago, algo que a la chica en principio no molestó.

Pero pronto apareció Alberoni para decirle quién era quién en la corte española. Los franceses eran la facción más destacada, aglutinados en torno a la Ursinos. Todos actuaban como agentes de Versalles, manteniendo la política española subordinada a los intereses de la cancillería francesa. Isabel se enteró de quién y cómo manejaba los hilos en la corte española por Alberoni. Esperó a hacer su táctica.

Maria Ana no tardó en caer en el error de acusar públicamente a Isabel, algo que se hizo diario con María Luisa Gabriela: en su calidad de camarera mayor, siempre se daba el gusto de corregir a la soberana cuando lo creía necesario, bien por exceso de color ne las mejillas o muchas ojeras. Si María Luisa se lo tomó con tranquilidad, ésta no hizo lo esperado: cuando la Ursino le dijo que debía evitar la glotonería pues perdería la cintura, Isabel le contestó que quién era esa mujer para atreverse a insultar a la reina de España, mirando a Alberoni. Ordenó que la sacasen de palacio en una silla y que la llevasen a la frontera francesa. Atónitos, Maria Anne se quedó muda cumpliendo con los guardias lo mandado, mientras que Alberoni se alegraba de la sabia decisión de la reina. Toda una verguenza para la Ursino,

ISABEL DE FARNESIO LA PARMESANA1





Giulio Alberoni

Este es Giuliu Alberoni. Parece que nació en Fiorenuela d´Arda, una pequeña localidad entre Parma y Piacenza el 30 de mayo de 1664. Su padre era un humilde jardinero y su madre se ocupaba de las tareas de la casa y la crianza de sus hijos. Vivían en la pobreza, casi rozando lo extremo, pero parece al menos haber tenido aspiraciones en cuanto a su descendencia. Viendo la inquietud de su hijo y su ingenio, pensaron en encauzarle a una carrera eclesiástica: para encontrar un benévolo protector en ese mundo, nada mejor que ponerle de campanero en la Catedral de Piacenza.

El joven campanero se ganó la confianza del obispo Barni, quien le facilitó el acceso al seminario, donde recibió las órdenes necesarias para ser sacerdote. Además, Barni le asignó el puesto de canónigo adscrito a la catedral de Piacenza. Pero este no se conformaba con ello y decidió usar su buena diplomacia.

Aprovechó la oportunidad cuando se cruzó con el duque de Vendome, comandante jefe de las tropas acantonadas , siendo de una rancia estirpepor parte de su padre. pero por su madre, sobrina del cardenal Mazarin.
Dice que cuando estaba enzarzado en una discusión con el cardenal al perder una batalla, el duque le mostró su trasero enseñándole las almorranas, algo que Alberoni, al entrar en la sala, supo remediarlo.

Así, cuando el duque de Vendome entró al ejército francés para asegurar el trono de Felipe de Borbón, Alberoni solicitó que lo enviase a Madrid en calidad de embajador del ducado. Pese a su fama de protegido por la corte, algo que pesaba, Alberoni logró triunfar en Madrid.

Isabel de Farnesio

Felipe V Borbón
El de febrero de 17114, Felipe V perdió su esposa después de 8 años de matrimonio: María Luisa Gabriela de Saboya. Una hermana mayor de´esta, Adelaida, se había casado con el hermano mayor de Felipe, Luis duque de Borgoña, antes que se celebrase el matrimonio entre Felipe y María Luis. Ambas parejas tuvieron la suerte de ser felices, pese a su unión dinástica, una mujer de aspecto infantil, pero de carácter fuerte, decidida, capaz de afrontar los problemas, a la vez que afectuosa.
Cuando Felipe y María Luisa llegaron al trono español tras la victoria en la Guerra de Sucesión, los españoles ante tanto amor a la patria la alabaron. Ademas, dio 4 hijos varones a la sucesión, aunque sólo fueron dos los que llegaron a crecer, Luis y Fernando.

El fallecimiento rpentino de María Luisa Gabriela dejó a Felipe sumido en una gran depresión. Era un hombre dependiente de su esposa en muchos aspectos: ella le alegraba anímicamente, sabía sacarle de sus pensamientos oscuros, le daba ternura y su adecuada dosis de pasión. Dado que Felipe tenía demasiada líbido, anque sólo la soltase en el ámbito sexual del matrimonio, la pérdida fue demasiada, teniendo que buscar una amante. El viudo triste se mudó enseguida al Palacio de Medinaceli: sólo el paseo del Prado separaba esa casona de otra allí existente, la de la princesa de Ursinos, Marie Anne de la Tremoille. Felipe ordenó cavar un pasadizo por debajo del Paseo, de forma que podía ir a casa de la princesa cuando le diese la gana, para conferenciar con ella y dejarse dirigir en asuntos gubernativos.

Marie Anne- de la Tremoille, hija de duque y viuda en primeras nupcias de Adrian Blaise, y en segundas nupcias del príncipe italiano Flavio degli Orsini, eraa la principal figura de la corte madrileña. Formaba parte del connjunto de franceses congregados alrededor del rey Felipe V, siguiendo las instrucciones de su abuelo paterno, el rey Luís XIV rey del Sol. Tenían como misión ayudar a Felipe a dirigir el reino con inteligencia, sin apartarse de la línea que aportó la cancillería francesa. Marie Anne representaba el poder tras el trono: Felipe tenía el título, pero ella era la que hacía y deshacía.

Marie Anne Princesa de Ursinos

Alberoni, el sagaz representante de Parma en Madrid, se dio cuenta a su llegada que de quien tenía que ganarse la verdadera confianza era la de la princesa de Ursinos. Así lo hizo haciendo alarde de un fino y exquisito trato. Es en ese momento cuando la princesa le confía a Alberoni que no podría descansar hasta conseguir una princesa europea adecuada para el triste Felipe con el que llenar el vacío que María Luisa había dejado. Expectante, pero disimulando, se contuvo ante todas las mujeres que le fue presentando la princesa, dando su opinión sobre los pros y los contras. Fue entonces cuando Alberoni propuso a la princesa a Isabel de Farnesio. Sacudiendo la cabeza en un gesto entre fingido y con incertidumbre, Alberoni se adelanta diciendo que a la princesa no le gusta esa mujer. Así, con tono melifluo la describió Alberoni: "una muchacha de veintidos años, feucha, que se atiborra de mantequillan y queso parmesano, y que jamás ha oido hablar de algo que no sea coser o bordar".

Esta descripción fascinó a la princesa, quien buscaba una mujer así, pudiendo incluso aumentar los sucesores de la línea, y nunca supondría un peligro para su forma de gobernar. En otras palabras: ella seguiría siendo la reina detrás del trono y Felipe encontraría en Isabel la mujer que le sacaría de la depresión.
Así la princesa de Ursinos aceptaba oficialmente a Isabel de Farnesio, mientras que Alberoni, en segundo plano, daba palmas.