domingo, 11 de julio de 2010

JUANA LA LOCA

Juana nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479, siendo la tercera hija de una pareja extremadamente singular: la formada por el rey Fernando de Aragón, e Isabel por derecho propio, reina de Castilla. Los dos promocionaban una idea de reinado conjunto en pena igualdad, de ahí el lema "Tanto monta, monta tanto ...", pero la realidad era bastante compleja: sus territorios mantenían cada uno su forma de gobierno, sus cortes, sus leyes, sus tribunales, sus fueros y sus moneda. Ahora bien, existía una concordancia expansionista, aunque los aragoneses se dirigiesen, por tradición, a no perder, sino a incrementar su presencia en el ámbito geográfico mediterráneoi, en tanto que Castilla, una vez expandida hacia el sur acabaría tomando una ruta nueva a través del Atlántico.

En 1479, cuando Juana llegó al mundo, sus padres ya habían tenido una hija, Isabel, que tenía 9 años, y un hijo bautizado Juan, de 22 meses de edad. A Juana se le impuso el nombre de Juana recordando a su abuela paterna, muerta 11 años antes. Aquella Juana nacio Juana Enríquez, hija del gran almirante de Castilla Fadrique y su esposa Maina Díez de Córdoba. Ya de adulta se casó con el rey Juan II de Aragón viudo de Blanca de Navarra. Juana había empleado su vida en la tarea de asegurarle a su hijo la ascensión al trono, Fernando, llegando a dcirse que incluso envenenó a su hijastro, Carlos de Viana, legítimo heredero. Por otro lado, su hija Juana, marchaba a Sicilia a casarse con el rey Fernando I.

Juana no sólo heredó el nombre de su abuela, sino que guardaba además un gran parecido físico. La reina Isabel, asombrada por el parecido, llamada con cariño a su hija "mi querida suegra". Pero en cuanto a carácter, Juana no sacó los genes de esta mujer de carácter sino los de su otra abuela, la materna: Isabel de Portugal. Juana tuvo ocasión de conocerla, pues esta dama no murió hasta 1496 en el castillo de Arévalo. Sin duda era una figura triste y patética, pues su carácter inestable con vetas de melancolía.

En su infancia, Juana resultó ser una niña bonita. Junto a sus hermanas pequeñas, María y Catalina, recibió una esmerada educación. La reina Isabel acogió en su corte a un grupo numeroso de famosos humanistas, desde Lucio Marineo hasta los hermanos Geraldino. La biblioteca se expandió para abarcar un mayor número de obras prestigiosas, en tanto que se hacía una capilla musical.
Isabel creía que sus princesas debían recibir una educación clásica, amplia y estimulante: ella misma aprendió latín de adulta, a costa de un gran esfuerzo personal, y no estaba dispuesta a que sus hijas se encontrasen en una situación similar. Una amiga de la reina Isabel, Beatriz Galindo, se encargó de este aspecto de la educación de las princesas de Castilla-Aragón.

El estudio de los autores clásicos se combinaba con una profunda revisión de los textos sagrados. Los padres estaban convencidos de que sus descendientes hiciesen el honor al hecho de que el Papado les había conferido la distinción de reyes muy católicos, a medida que avanzaba por el camino de expulsar de sus territorios a judíos y moriscos que no se convirtiesen tras completar la famosa Reconquista. Un sacerdote dominico, Andrés de Miranda, se ocupó de inculcar a las muchachas el catolicismo, junto a la cultura de Beatriz Galindo.

Las chicas además sabían montar a caballo, practicaban la caza con aves rapaces, igual que sabían cardar la lana tejer, coser o bordar con primorosa solicitud. En su día, se negociarían con ellas magníficos matrimonios dinásticos.

Isabel, su madre, era una reina de los pies a la cabeza: había ganado la corona luchando contra su sobrina y ahijada Juana, a la que se tachó de bastarda de la reina consorte de Portugal Juana on el noble Beltrán de la Cueva, pero es probable que sólo fueran rumores engendrados por ella para acabar con la reputación de la chica.

Ya en el trono, no se dormía en los laureles: Isabel llegaba a tomar decisiones duras, todo por lograr el apogeo de la corona de Castilla.No le temblaba el pulso al toar decisiones como la expulsión de aquellos moriscos que no se convirtieran al cristianismo, además de saber arriesgar, como hizo con Colón, apoyándole en su viaje que le llevó al descubrimiento de América.

Y sin embargo, esta mujer que no cedía nada de poder a su marido Fernando, pese a gobernar en conjunto, buscó para sus hijas matrimonios convencionales donde ellas estaban sumidas a ellos. Las muchachas sabían que su madre cosía las camisas de su marido con esmero. Además, era ella la celosa, pues todos sabían y nadie evitaba que Fernando saliese a dar una cana al aire.Unas pasaron de puntillas y otras le dieron hijos bastardos que pasaron a la historia. Las niñas sabían de la existencia de esos hijos bastardos de su padre: conocía a Alonso y a Juana, los hijos de la catalana Aldonza de Ivorra, o a Alfonsa, hija de Luisa Estrada, y otros.
Ante esto, Isabel sólo les decía a sus hijas, que como reinas que eran, su sangre real era muy valioso, tanto que por mucho que el marido saliese con mujeres a divertirse, nadie le arrebataría el trono y siempre serían las esposas legítimas. Isabel, Juana, Maria y Catalina aportarían a sus maridos geniales genealogías, sangre real de siglos corriendo por las venas.

A la hora de trazar el futuro de sus hijas, Fernando e Isabel valoraron cuidadosamente las diferentes posibilidades de alianzas dinásticas. Siempre tuvo claro que una de las muchachas debía destinarse a la corona de Portugal, para unir más los vínculos históricos, y con el tiempo, lograr la unión de reinos ibéricos. Así, la hija mayor, Isabel, fue comprometida con el príncipe Alfonso de Portugal, hijo de Juan II con Leonor de Viseu.

La boda de Alfonso e Isabel se celebró con la pompa consiguiente de ese año 1490. La novia tenía 20 alis, en tanto que el príncipe sólo tenía 15, un obstaculo de edad. Pero cuando la novia vio a ese muchacho fuerte y robusto, vigoroso, dotado de gran fuerza física e intelecto le gustó. Ella se prendó de su postura y gallardía, y él se enamoró de esa chica rubia y dulce augurándose un buen matrimonio, bastante prolífico. Pero el destino hizo que Alfonso cayera de su caballo en la orilla del río Tajo, una caída de la cual no recobró la consciencia, falleciendo tras horas de agonía un año después de casarse.

Isabel, viuda, volvió a Castilla. Estaba rota: en señal de duelo, no sólo se cortó su melena dorada y se había empeñado en vestir una túnica de sarga que debía producir espantosos picores en la piel, sino que insistía enq ue deseaba tomar los velos en el convento. Las hermanas menores, Juana de 12 años, María de 9, e incluso Catalina de , se quedaronimpresionadas por las muestras de devoción de su hermana hacia el difunto Alfonso.
Pero Fernando e Isabel vieron el asunto desde otra perspectiva: su hija había dejado un feliz recuerdo en la corte portuguesa, así que en cuanto pasaron unos meses negociaron la boda con el siguiente sucesor a este trono, el tío de Alfonso, Manuel de Béjar.

Manuel ismo no sólo estaba interesado en las ventajas políticas, sino porque había tenido la ocasión de tratar a Isabel durante su matrimonio con su sobrino y la consideraba una mujer adorable. Algo que facilitó las tareas de negociaciones de los reyes católicos.La joven Isabel no quería en absolut esa boda, tratando de evitarla proponiendo a su próximo marido una condición: los judíos a los que tanto admiraba por su laboriosidad e inteligencia, debían serexpulsados de Portugal. Manuel dudó, acabando decidiendo que sí en 1497, casándose Isabel con su segundo esposo.

Para cuando Isabel se casó con Manuel, Juana ya no estaba en la corte española. Hacia 1496, mientras que los reyes católicosesperaban la afianzación de las alianzas portuguesas, Fernando e Isabel negociaron, brillantemente, un doble matrimonio con la casa de Habsburgo. Unna gran flota española debía llevar a Flandes a la princesa Juana, para que se casase con Felipe de Austria; cuando los barcos volviesen, lo harían formando la comitiva de Margarita de Austria, hermana de Felipe, escolgida para casarse con el príncipe Juan, el único hijo varón de Fernando e Isabel.

Estos eran los destinos que se habían trazado para ellas, después de haber descartado opciones previas. Así, sabemos que en un tiempo se pensó comprometer a la rincesa Juana con el delfín Carlos de Francia, y dado que este negocio no llegó a prosperar, se pensó en la pedida de mano de James IV rey de Escocia.
En lo que se refiere a Margarita, que estuvo comprometida con Carlos de Francia, que se había destacado a los candidatos a la mano de Juana previamente. El compromiso se deshizo para que el ya Carlos VIII pudiese casarse con la princesa Anna de Bretaña. Margarita que llevaba ya dos años en la corte de su novio educándose, a la que llegó con una formidable dote, fue devuelta a los Habsburgo, un poco en forma de desprecio y humillación.

Ni Juana ni Margarita pudieron esperar mucho de sus matrimonios. Laas dos eran conscientes d esu valor dinástico, de que se la sponía en la tesitura de servir de enlace entre casas significativas y perpetuar la estirpe regia. Sorprendentemente ambas se enamorarían de sus maridos: Juana de Felipe y Margarita de Juan.

El personaje de Juana la Loca ha inspirado numerosos personajes e historias literarias, donde su vida y encierro se interpretaron como sinónimo de locura. Pero la realidad nunca es tan romántica como la ficción.
Su delirio de amor fue un delirio celóptico en el cotejo de una enfermedad mental grave. Juana nació en 1479, hija mujer del os poderosos Reyes Católicos llamada así en honor a la madre de Fernando, su padre.Por el destino, heredaría tanto la posesoines de su madre isabel, tras la muerte de su único hijo varón,como su carga genética, ya que su abuela materna también terminó sus días como ella, encerrada en una habitación.
Fue una niña tímida, educada excelentemente, dominando artes como el latín y el francés, pero poco propensa a las reuniones sociales, pasando muchos días sin tener ganas de relacionarse con nadie de la Corte castellana. No es raro ver en estos rasgos ápices de la esquizofrenia.
A los 16 años es casada con el archiduque Felipe de Austria,hijo del emperador Maximiliano I de Alemania y la duquesa María de Borgoña, y soberano de fFlandes, por fallecimiento de ésta. Viajó Juana por primera vez fuera de España hacia la corte sacra siendo tal el impacto entre ambos que decidieron buscar un cura de auxilio para casarse ese mismo día y pasar la noche juntos. Faltaban 4 días para la boda inicial.
Tras su boda, aparecieron los primeros síntomas de enfermedad, manifestándose en una conducta celosa, desconfiada y persecutoria, dándose conductas absurdas como no pagar a los servidotres por varios meses, un desinterés progresivo de sus funciones y pérdida de la resonancia afectiva que se acentúan con una serie de acontecimientos, como su primer embarazo. Esto preocupaba al confesor de Isabel la Católica

Tanto las ideas celotípicas como este estado de ánimo, encajan con el diagnóstico de esquizofrenia paranoide. La esquizofrenia es una enfermedad de origen biológico y condicionamiento genético, que cursa en brotes o episodios en los cuales se evidenian síntomas como alucionaciones y delirios, espaciados con interbrotes que en la locura parece acallarola, pero sólo la acentúa. Cuanto mayor on los brotes, peor es la desintegración final.
Los médicos de la corte, Soto y Gutiérrez de Toledo, sostienen que doña Juana pasaba noches en vela, deambulando y con soliloquios, sin comer, asearse o ver a sus hijos., y luego entraba en periodos de arrebato de ira por los celos con su eposo que la llevaban a conductas irracionales. Llegó ap rohibir que subieran damas a un barco que la trasladaba a ella con su marido a España, y como éstas lo hacían sin mirar permiso, ella enceraba a su marido en un cuarto.
Tuvo a su primero hijo, Carlos, luego Carlos I y V en un retrete, por haberse negado a permanecer en cama en el estado de gestación en el que se encontraba, con el fin de acompañar a su esposo a una fiesta, temerosa de que Felipe miraraa otras mujeres. Creemos que estas son las causas de las convulsiones infantiles y debilidad mental de Carlos.

En el momento en que Isabel víctima de un cáncer uterino, decide enttegar su mando, sus consejeros le advierten que su hija no está preparada, con lo que sería su padre quien reinara. En junio de 1506, a la muerte de la reina, Fernando firma un trato con Felipe en Villafáfila, que contenía el siguiente párrafo:
"Conviene saber cómo la Serenísima Reina, en ninguna manera se quiere ocupar o entender de cualquier género de regimiento, ni gobernación; aunque lo quisiera, sería la total destrucción por sus enfermedades y sus pasiones". Es en esto donde se basan algunos historiadores románticos en afirmar que la locura de la reina Juana fue un invento político infundados en celos hacia un marido infiel.
Pero ya vimos que su enfermedad no sólo se manifestaba en los celos, sino en otros comportamientos. En la esquizofrenia, las ideas delirantes no aparecen aisladas. Por el contrariok se acompañan de alteraciones de la mente y el comportamiento con matices de extrañez visto en conductas anormales y abandono de la misma, de sus hijos y sus funciones. En ocasiones, salía su conducta psicótica y parecía que se preocupaba por los problemas del reino, dando incluso órdenes, que por supuesto, fueron acatadas.

En una nueva faceta de brotes, decide vestirse de negro por un luto imaginario (el negro como luto fue impuesto por su madre en lugar del blanco, color tradicional hasta ese momento). Es en este periodo cuando fallece su amado esposo, al cual cuida con esmero en su enfermedad, pero por el que no derrama ni una sóla lágrima. Pero hace abrir su tum ba sin causa justificada en dos ocasiones.

Continúa el reinado su padre Fernando, mientras que su hijo Carlos se ocupa de los reinos de fuera. En 1516 muere Fernando tomando el relevo Carlos, aunque requiere la firma de su madre para los grandes decretos.

La enfermedad de Juana se acebtúa y sus allegados deciden encerrarla en la torre del Castillo de Tordesillas en 1509, permaneciendo hasta su muerte, casi a los 47 años de edad. Vive aislada, custodiada por personal militar y con su hija menor Catalina.
En una oportunidad de recibir la visita de sus dos hijos Carlos y Leonor a los que sólo responde con monosílabos tras 12 años sin verlos, deiden sacar a la niña de sus manos, algo que Juana percibió a los días de llevarse a la niña. Pero empeoró tanto tras la marcha de la ni.a, que los hermanos decidieron devolver a la niña a la torre hasta que contrajo matrimonio y bsalió como reina d Portugal.


En su encierro, pasa por periodos diversos: desde arrebatos violentos físicos, comer en el suelo, se viste andrajosa abandonando el aseo, invierte su ritmo de sueño. En los últimos años tuvo alucinaciones visuales diciendo que su mente está poseida por fuera y que ella no puede hacer ada por ello.
Muere con fuertes dolores físicos debido a los trastornos vasculars que sufría en las piernas por su alta de higiene y por sus largas horas de pie.

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